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Eladi Grangel, Director del Museo de Cerámica de l’Alcora

 

El sector cerámico de Castellón: 300 años de excelencia 

El título de este escrito puede parecer excesivo, por el lapso de tiempo que abarca, pero no lo es. Pronto se cumplirán 300 años de la fundación en 1727 de la Real Fábrica de Loza y Porcelana de l’Alcora, un acontecimiento que ha determinado como pocos el devenir de nuestra provincia, especialmente en los ámbitos social y económico. Un punto de inflexión para la provincia de Castellón y también para la historia de la cerámica española, fruto de la determinación del IX conde de Aranda, D. Buenaventura Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea. 

Ni el momento ni el lugar de esta fundación son casuales. Por una parte, D. Buenaventura acababa de obtener por sentencia (1725) los Estados del Condado de Aranda en el Reyno de Valencia, entre los que se encontraba l’Alcora y el resto de la Tenencia de Alcalatén, e inmediatamente activa el proyecto de construcción de la fábrica que ya rondaba por su mente desde tiempo atrás. Por otra parte, nuestro municipio contaba con unas condiciones especialmente favorables para albergar la manufactura proyectada por el noble aragonés: arcillas de calidad, abundancia de agua, disponibilidad de combustible (malea) para los hornos, proximidad al mar para facilitar la comercialización del producto, tradición alfarera desde al menos el siglo XVI (que aportaba personal cualificado para determinadas fases del proceso de trabajo), etc. A todo ello se suma la inteligencia del fundador y de su hijo y sucesor, el X conde de Aranda, que aplicaron un modelo de gestión moderno y eficaz, sin duda adelantado a su tiempo, que cuidaba al detalle todos los ingredientes necesarios para garantizar el éxito de la empresa: organización interna (reglamentos para el funcionamiento de la fábrica periódicamente renovados); formación (creación de una academia de aprendices; envío de operarios a París para instruirse en la fabricación de la porcelana); investigación (constantes pruebas para mejorar la calidad de pastas, esmaltes y colorantes); diseño (renovación periódica de los modelos ornamentales); tecnología (incorporación de incipiente maquinaria en determinadas fases del proceso de trabajo); especialización (división del trabajo en quadras o departamentos, con personal especializado en cada una de ellas); captación de talento (contratación de destacados técnicos y artistas para los altos cargos); incentivación (premios para los mejores alumnos de la escuela y para el descubrimiento de nuevas minas próximas a la fábrica); red comercial (con almacenes o factorías en las principales ciudades españolas); vocación exportadora (París, mercado preferente; dos almacenes en Cádiz para la gestión de los fletes a América);  etc… 

El objetivo: fabricar loza y porcelana de la mejor calidad para competir con las producciones de moda en la Europa dieciochesca (fundamentalmente francesas) y frenar así la sangría económica que suponía para las finanzas del país la importación de lujosas vajillas y objetos ornamentales de cerámica. Objetivo cumplido con creces, hasta el punto de que la Real Fábrica de l’Alcora elaboró la que está considerada por historiadores y ceramólogos como la mejor cerámica europea del siglo XVIII, presente en museos y colecciones de todo el mundo y con elevadas cotizaciones en las principales subastas de arte internacionales (sirva como ejemplo que en una de ellas el Estado adquirió, en 2022, 12 piezas de l’Alcora por un importe total de 246.000 €). 

Esa manufactura próxima a celebrar su tercer centenario sufrió la lógica evolución a lo largo del tiempo: los 1.800 m² del edificio fundacional se transformaron en más de 11.000 m² a principios del siglo XIX, en el momento de su máxima extensión. La producción continuó hasta la Guerra Civil de 1936-39, y posteriormente las instalaciones fueron aprovechadas por 2 fábricas de azulejos (BIC y Tilesa), que mantuvieron su actividad hasta la década de 1980. 

En 2017 el Ayuntamiento de l’Alcora culminó la adquisición del inmueble (9.000 m2) e inició su recuperación con la perspectiva de la celebración del tricentenario de su fundación en 2027, a escasos 10 años vista. Aun con las dificultades propias de un proyecto tan ambicioso y complejo (acentuadas por acontecimientos ajenos, transversales a todo el sector cerámico y a la sociedad en su conjunto, como la pandemia de covid-19, la guerra de Ucrania o el incremento de precios de la construcción, entre otros), se van cumpliendo objetivos. En 2020 se abrió al público el primer espacio rehabilitado: la Nave de Hornos que alberga 3 hornos tipo árabe de doble cámara pertenecientes a la última ampliación de la Real Fábrica (1798-1805); en 2022 se realizaron las primeras excavaciones arqueológicas en la zona fundacional, con extraordinarios resultados; en 2023 culminó el proyecto de consolidación de cubiertas y rehabilitación de la fachada principal. Y en estos momentos estamos a la espera de la resolución de una solicitud de subvención presentada al Programa 2% Cultural del Ministerio de Vivienda y Agenda Urbana para el proyecto “Recuperación del edificio fundacional (1726-1727) de la Real Fábrica de Loza y Porcelana del Conde de Aranda de l’Alcora”, valorado en cerca de 4,5 millones de euros. 

Estamos, por tanto, a las puertas del tercer centenario de la primera industria cerámica moderna de España y del origen del sector cerámico de la provincia de Castellón. Traer a colación ahora esta inminente efeméride es pertinente, ya que en la propia génesis de la Real Fábrica y en los fundamentos en que basó su actividad se encuentran las claves del éxito y de la pujanza del actual sector cerámico de nuestra provincia. Castellón está a la vanguardia de la producción cerámica desde hace 300 años y esa vinculación entre el esplendor del siglo XVIII y la potente realidad actual (con algunas sombras, pero con infinitamente más luces) debe ser asumida con orgullo y convicción por el sector como una certificación de calidad, como un factor diferencial de prestigio frente a los otros productores mundiales. 

Por eso, quiero terminar este escrito invitando a todo el sector cerámico a sumarse a la conmemoración del 3r centenario de la Real Fábrica del Conde de Aranda, la empresa que inició en nuestra provincia un período de (por ahora) 300 años de excelencia. 

 

 

Eladi Grangel

Director del Museo de Cerámica de l’Alcora