Editorial: José Luis Díaz, Director de Producción en Peronda Group (Planta 1)

Aquellos maravillosos años…
Editorial: José Luis Díaz, Director de Producción en Peronda Group (Planta 1)

Aún recuerdo con cierta nostalgia la ilusión que teníamos cuando llegaba el mes de febrero y en la fábrica se empezaban a concretar casi a última hora los desarrollos que se habían trabajado en los últimos meses. La feria de Cevisama marcaba un punto y aparte muy importante porque finalizaban las pruebas y comenzaban las producciones de los modelos más exitosos.

Entonces, las pruebas para la feria suponían un esfuerzo muy grande para todo el mundo. Llegaban, casi siempre a última hora, los fotolitos, las fórmulas, los nuevos esmaltes, las pantallas de serigrafía, las granillas...; se empastaban a mano multitud de tintas diferentes en pequeños “pozales” de 4 ó 5 Kg. Existía también una batería inmensa de esmaltes, para campana, discos y aerógrafos que variaba el acabado final. Y con todo esto se realizaba un trabajo de combinatoria excepcional.

Las técnicas de ensayo-error eran las más habituales en aquellos tiempos, y los técnicos y diseñadores de los colorificios nos acompañaban en este “sufrimiento”. Hasta la maquinaria variaba mucho de unas fábricas a otras y existía una verdadera especialización tanto de la fábrica como de los operarios en determinadas técnicas de decoración.

Con todo esto, y como no podía ser de otra forma, la producción en los meses de feria se resentía. Los porcentajes de calidad bajaban y aumentaba el número de “tonos” y los fallos humanos. Existía un gran estrés porque las pruebas de los modelos nuevos requerían muchísimo esfuerzo. Se ponía toda la “carne” en el “asador” de la feria y la producción diaria quedaba relegada a un segundo plano. Las pruebas de los modelos nuevos convivían con los grandes lotes de los modelos habituales. Era un caos semi-controlado que se permitía por la importancia de la feria. Con el fin de tener el mejor escaparate nos permitíamos tener los armarios interiores un poco desordenados.

El esfuerzo merecía la pena.


Pero el esfuerzo merecía la pena. Llegábamos a Cevisama y mirábamos “nuestro” stand con cierto orgullo. Y también visitábamos el resto de los stands con gran admiración intentando descifrar como se habían fabricado las piezas; con qué tipo de esmaltes, con que técnicas y con qué máquinas de decoración. Todos los stands eran diferentes y cada uno reflejaba la idiosincrasia de cada empresa. Todo era más artesanal y, por consiguiente, diferente.

Era muy difícil que en otros países igualaran nuestros productos porque además de llevar un retraso “tecnológico” también existía un retraso técnico. La experiencia de los operarios especialistas que teníamos entonces en las fábricas era vital.

Y ahora…


No sé cuál es la causa, si la globalización, la presión de la red de distribución actual, la tecnología, la digitalización…, otras causas, o todas ellas juntas, pero cada vez resulta más difícil diferenciarse en cerámica desde el punto de vista del producto. La tecnología, sobre todo las máquinas de chorro de tinta, ha igualado estéticamente el producto y resulta muy complicado hacer productos originales y diferentes. La frase “todos hacemos lo mismo”, “todos los stands son iguales” es una de las más repetidas en las ferias y crear un producto diferenciador es el gran reto que tenemos los fabricantes actuales (sin incrementar el coste).

Pero esto es lo que hay, y protestar y quejarse no tiene utilidad. Las circunstancias actuales son las que son, y las expectativas de futuro son complicadas. Pero este entorno sólo podemos combatirlo sumando ilusión y trabajo.

Desde el punto de vista de las fábricas, las ferias a día de hoy también suponen un esfuerzo. Pero en mi opinión se trata de un esfuerzo controlado y menos exigente que en épocas anteriores. La estética siempre es importante, pero ya no tanto como antes, y los antiguos especialistas de los cabezales de serigrafía están casi “desaparecidos”. Las técnicas de decoración actuales han facilitado las producciones porque el factor humano, siendo siempre importante, es menos decisivo que antes.

La logística de las pruebas industriales también se ha simplificado ya que no hacen falta ni fotolitos, ni pantallas de serigrafía, ni multitud de pozales de tintas… salvo escasas excepciones. Las pruebas de feria se han simplificado bastante, al igual que el producto.

Nos hemos hecho más tecnológicos y eficientes


Con ello, la producción en los meses de feria no se resiente tanto como antes. Los porcentajes de calidad no descienden tanto y se reducen los errores humanos. Se pone “carne” en la feria pero la producción diaria no se queda en segundo plano. Comemos de ella y no nos podemos permitir producciones desatendidas ni elevados costes. Existe un poco de caos pre-feria pero con un cierto orden, que no tolera fallos importantes de producción. Nos hemos hecho menos artesanos y más tecnológicos y eficientes…

Pero, ¿qué es mejor? ¿La “juventud” de antes o la “experiencia” de ahora? Seguramente, como siempre, en el equilibrio está la virtud. Depende de la filosofía de cada empresa, pero supongo que lo ideal es crear productos diferenciadores con la mayor eficiencia y con el menor coste.


¿Cómo? Con ilusión y trabajo.


José Luis Díaz
Director de Producción en Peronda Group (Planta 1)