EDITORIAL: JOAQUÍN LUQUE, JEFE DE PRODUCTO EN DIGIT-S

Quizá nuestra mente piense ya en digital, pero nuestro corazón sigue siendo analógico

Sentir en Digital

En la década de los 80 había un programa en RNE, del que yo era seguidor, llamado Bienvenido Mister Chip, donde se intentaba explicar cómo iba a cambiar el mundo el invento del microchip. Me asombraban las posibilidades que podía intuir en esa nueva tecnología en un tiempo en el que la serigrafía dominaba el mundo de la impresión en cerámica y aún hacíamos los fotolitos para la creación de pantallas con tinta china sobre papel vegetal.

Recuerdo como me emocionaba la idea de que algún día se pudiera realizar diseños por ordenador, lo que me llevó a recorrer algunas de las ferias que se empezaban a organizar alrededor del mundo digital, hasta que finalmente conseguí, después de varios años persiguiendo esa idea, la inversión necesaria para instalar mi primer sistema de diseño por ordenador.

Armados con nuestros primeros ordenadores en los que instalamos Photoshop, empezamos una nueva revolución en el sector cerámico y una nueva forma de pensar a la hora de enfrentarse al diseño cerámico desde donde se sentaron los cimientos para la introducción de la rotocolor, un proceso de impresión que, aun siendo analógico, llevaba escrita en su genética la palabra digital.

Con la llegada de la impresión por inkjet, se ha culminado el proceso tecnológico de decoración digital. Todos los elementos, desde la creación del diseño hasta la fabricación de la pieza, mantiene este flujo digital, lo que da como resultado un cambio de paradigma que aún no ha sido totalmente asimilado.

En estos momentos hemos sido capaces de dar este gran salto tecnológico, dotando a nuestras empresas de unos medios cuyo potencial es asombroso, pero nos encontramos con un problema a resolver. La tecnología ha dado ese gran paso, pero nosotros, nosotros como profesionales, no hemos sabido adaptarnos todavía. Quizá nuestra mente piense ya en digital, pero nuestro corazón sigue siendo analógico.

Utilizamos técnicas de trabajo basadas en nuestra cultura analógica. Los diseñadores utilizan el software de edición de imágenes como si aún estuviéramos retocando imágenes para su impresión con rotocolor. Los técnicos de producción siguen ajustando los diseños para su fabricación, modificando los elementos de impresión. No se entiende que un diseño digital, la mejor forma de controlarlo es mediante algoritmos matemáticos que sean aplicados por un ordenador. Los técnicos de laboratorio no solo deben conocer cómo se comportan los materiales cerámicos, sino cómo manejarlos a través de sistemas digitales.

Este es el nuevo salto que debemos dar, “cambiar el chip”, como se suele decir, pensar y sentir en digital y para eso, debemos entender que necesitamos herramientas de software que hagan el trabajo que mejor sabe hacer un ordenador. Calcular cual es la mejor opción de entre todas las posibles, y en el caso de la impresión digital, calcular cual es la mejor combinación de tintas para obtener el color deseado optimizando el resultado. Un software que sea capaz de controlar las variables y asegurarnos la estabilidad de todo el sistema.

Para avanzar en este camino, necesitamos que el software con el que debemos interactuar, además de ser potente y eficaz en su cometido, sea amigable con el usuario. En definitiva, que sea capaz de entender la forma de pensar de nuestro sector y se adapte a sus necesidades y no sea el usuario quien deba adaptarse a él.

Queda ya lejos aquel programa de radio, del que hablaba al principio, y va quedando lejos el mundo analógico en el desarrollo del diseño cerámico, y ya hay software para el control del color centrado en la experiencia de usuario, en la comodidad de uso por parte de ese usuario, y que permite que “el cambio de chip” sea un hecho. Pero para ello también es necesario que los profesionales quieran dar ese paso y no solo piensen en digital, sino que, además, sientan en digital.