EDITORIAL: JAUME PRIOR, PRESIDENTE DEL COLEGIO TERRITORIAL DE ARQUITECTOS DE CASTELLON

Nunca más un ladrillo sobre otro como único método de gestión de la productividad​

Durante esta crisis que deseo superada, todos caímos en la cuenta de que la construcción era una industria. Así lo afirmábamos cuando, desesperados, reclamábamos unas ayudas para el sector que nunca llegaron. Nuestros administradores económicos nos las negaron continuamente dejando caer miserablemente en la ruina a todo el rico entramado empresarial que se había gestado en los últimos años, incapaces de hacerlo o convencidos de que era necesaria una catarsis dolosa que los redimiese de la pena de haber colaborado a generar la tan comentada “burbuja” ........ tanto o menos que ellos.

Progresivamente estos mismos administradores han ido  cambiando de idea. De sector apestado al que se le negaban incluso las sillas de confidente de las entidades bancarias rescatadas con el dinero de todo el país, pasamos a ser la gran esperanza para salir del gran resacón. “De la crisis no saldremos sin la construcción” se atrevían a vaticinar los más osados ....... y comenzó a percibirse nuestra actividad de una manera diferente.

En este momento, después de mucho tiempo y tras haber asistido a excesivos sepelios empresariales, cuando todavía no se han activado suficientemente incentivos adecuados (ninguno que pueda considerarse efectivo); ahora que estamos reactivando la economía gracias también a la construcción ..... ¿Nos hemos planteado la necesidad de entender de verdad el carácter industrial de la actividad?.

Personalmente creo que no. Al menos no con la suficiente rotundidad y seriedad que se merece el reto. La construcción en el estado español asumió el auge de los años 2000 mediante un mecanismo muy poco progresivo. No acomodó sus estructuras productivas sino que se dedicó a absorber la creciente oferta de mano de obra no muy exigente y poco experimentada que surgía a partir del flujo continuado de inmigración que tenía esos años a nuestro país como final de etapa.  Ese flujo de mano de obra “fácil” de conseguir (nótese que en ningún momento he dicho barata) permitió a este sector productivo asumir la tarea de la superproducción con los mismos métodos que se venían ejerciendo. Ninguna innovación, ninguna mejora que colaborase a reducir el alto peso de la mano de obra en el producto construido, una mano de obra que imponía con su falta de preparación un lastre en la calidad de lo obtenido.

Si se demostrara lo que los indicadores macroeconómicos advierten y no nos confundiesen con un nuevo “brote verde”, la industria de la construcción española debe afrontar la salida de esta desfavorable coyuntura renovándose para sobrevivir y  afirmarse en unas raíces donde la industrialización de los procesos permitan una mejora de la productividad y la calidad.  

Una industrialización de procesos que aleje la calidad del resultado del humor con que el operario se haya levantado ese día. Nunca más un ladrillo sobre otro como único método de gestión de la productividad. Los procesos industrializados evaluables conducirán a una reducción de costes y a una mejora y control objetivable de la calidad de lo construido.

Una profesionalización del sector donde no quepa mano de obra sin cualificar. De reservorio social donde acomodar a la gente que no requiera conocimientos especiales, la industria constructiva del siglo XXI debe ser un espacio donde la capacitación profesional sea una exigencia indispensable para  poder acceder a ella. Esa capacitación no debe más basarse “solamente” en  conocimientos heredados o tradiciones familiares sino establecerse a través de una capacitación profesional importante. Capacitación que debe actualizarse mediante procedimientos reglados y obligatorios de formación continua y actualizada, apuntalados mediante una importante ayuda pública.

Una industria que debe acercarse a sus cuadros técnicos. Debe establecerse la normalidad de la acción interactiva entre técnicos y producción. No tiene ningún sentido la constante mejora de los procedimientos tecnológicos en el primer sector (BIM, procesos automatizados...) cuando el segundo sigue otros patrones. La precisión debe ser un objetivo común. Cuando los técnicos manejan precisiones dimensionales prácticamente ilimitadas, hoy en día conseguir ajustes dimensionales por debajo del centímetro en una obra es un hecho casi heroico.

A todo esto, un reto difícil pero necesario, no vendría mal que la administración española en todos sus niveles, estatal, autonómica y local, simplificase alguna que otra estructura superflua para permitir una actividad competitivamente acorde con los tiempos hacia los que caminamos.

 

JAIME PRIOR Y LLOMBART

Presidente del Colegio Territorial de Arquitectos de Castellón

Miembro del Comité Técnico de D.O.C.O.M.O.M.O. Ibérico

Profesor del Departamento de Proyectos Arquitectónicos de la ETSA de la UPV