EDITORIAL: ¿Cuándo me hablaron de esto en la carrera?

Sin duda, una de las afirmaciones más repetidas por un arquitecto tras tantos años de formación en la universidad

Pretendemos encontrar una aplicación directa a los conocimientos adquiridos en el aula, cuando lo único que recibimos son golpes y contrastes de la realidad al emprender los primeros encargos profesionales. Cuesta asumir que todo lo visto en las clases de proyectos, donde resolvíamos grandes actuaciones urbanas dedicando la mayor parte del tiempo al análisis del entorno y del programa de usos propuesto por los profesores, en la realidad se iba a reducir a cortos plazos de entrega, programas encorsetados y burocracia farragosa en constante avance.

Asumido este deambular por el borde del precipicio entre haber elegido nuestra vocación en vez de una salida profesional óptima, logramos encontrar satisfacción en pequeños detalles como al finalizar la tramitación de alguno de los encargos más rocambolescos o resolver originalmente alguna de las demandas del proyecto planteadas.

Estas armas y la predisposición para averiguar y resolver problemas nuevos constantemente, son las que de una manera indirecta aprendemos durante los seis, en el mejor de los casos, años de formación universitaria. La carrera nos ofrece unos conocimientos genéricos y habilidades para realizar el ejercicio profesional con una predisposición a seguir formándonos día a día. Son muchos los campos en los que un arquitecto debe mostrarse solvente, muchas materias que debe controlar, por lo menos conocer para trasladar confianza a sus clientes, aunque luego tenga que recurrir a otros profesionales para dar con la solución. Esta práctica que en campos como la medicina está tan extendida [ninguno de nosotros se extraña cuando nuestro médico de cabecera nos destina al cardiólogo para tratar aspectos del corazón o al dermatólogo si el asunto atañe a la piel], en la arquitectura nos sigue sorprendiendo.

En la provincia de Castellón, la mayoría de los arquitectos ejercen la profesión individualmente por cuenta propia, asumiendo bajo su coordinación y responsabilidad una disparidad de encargos que les obliga a estar bien relacionados con otros profesionales y compañeros especializados en diversas materias, por lo que es imprescindible la conexión del colectivo, siendo esta una de las misiones principales de nuestro colegio profesional. Por lo general, los arquitectos realizan programas formativos generalistas encaminados a conocer multitud de aspectos conforme la normativa va cambiando o se asumen nuevas competencias, dejando la especialización sólo en casos concretos donde se atisba una clara oportunidad laboral o se satisfacen unas inquietudes personales o causa comprometida.

Es por ello, que desde los Colegios Profesionales se debe trabajar en la oferta de este tipo de formación especializada. Todas las directrices apuntan hacia una próxima formación continua obligatoria en disciplinas como la arquitectura que vendría a remarcar el camino del reciclaje profesional reglado en aras de conseguir una excelencia profesional. Aprovechando las condiciones particulares de nuestra provincia, uno de los programas formativos en los que se trabaja desde el Colegio Territorial de Arquitectos de Castellón es el curso especializado “Conocimientos del producto cerámico para arquitectos”, en el que se involucran activamente profesionales, docentes y empresas. La simbiosis de estos tres colectivos es sin duda una mezcla enriquecedora compuesta: por un lado de una muestra representativa de arquitectos con más o menos experiencia profesional en sus respectivos estudios, por otro lado el equipo docente del Instituto de Tecnología Cerámica encargado del programa formativo y como tercer puntal, el amplio tejido empresarial que nutre nuestras comarcas en busca de una constante profesionalización de sus departamentos y conocimientos de las posibilidades y demanda del sector.

La profundización en el mundo de la cerámica, al igual que en otros campos como son la sostenibilidad, los edificios de consumo de energía casi nulo, la accesibilidad o la rehabilitación y regeneración urbana son caminos en los que actualmente el arquitecto busca una especialización dentro de todos los aspectos que ya de por sí aborda en su día a día. Sin duda, el arquitecto es un profesional que tiene asumida esta realidad y muestra una predisposición a una formación constante, y desde los Colegios Profesionales sólo podemos que dar apoyo y activar los mecanismos necesarios para que se produzca.

 

Javier Sorlí Gellida
Arquitecto
Coordinador área de Biblioteca, Cultura y Formación en el Colegio Territorial de Arquitectos de Castellón